Un nuevo despotismo ilustrado

Cómo hemos vuelto a este concepto es algo que debiéramos preguntarnos teniendo en cuenta la actualidad en que vivimos. Pues no es lógico, que tras haber evolucionado política, económica y socialmente como civilización, más o menos humanizada, en menos de tres siglos hayamos vuelto a un sistema casi absolutista.

El sometimiento y la humillación que se está practicando sobre la ciudadanía, mediante el expolio de sus derechos y propiedades, convierte al sistema democrático actual en un mero instrumento de los líderes políticos, financieros y mediáticos que usándolo para su propio beneficio consigue que los verdaderos propietarios de este sistema sean deudores del mismo.

Qué ha ocurrido con los derechos que nos garantiza nuestra Constitución Española es algo que debería investigar Iker Jiménez. Aunque quizá sería preferible llamar a Paco Lobatón porque estos derechos han desaparecido. Derechos como la dignidad de las personas (art. 10 CE), que se ve vilipendiada cuando se obliga a una persona a aceptar un salario poco digno mientras que todos los días aparecen en la TV personajes de dudosa moral con sueldos ofensivos para el resto de las sociedad. Igualdad ante la ley (art. 14 CE), que se ve mermada cuando a una madre se le condena a ir a la cárcel por comprar pañales y comida para su bebé, con una tarjeta de crédito que no era suya, mientras que personajes públicos corruptos que han estafado y delinquido millones se ríen de nosotros mientras se eternizan los juicios de los que al final salen indemnes. Libertad de expresión (art. 20 CE), que parece ser un derecho incompatible con la famosa “ley mordaza”. Derecho a la huelga (art. 28,2º CE) cada vez más perseguido por cargas policiales y coaccionado por los empresarios. Derecho (y obligación) al trabajo (art. 35 CE) que hemos perdido por culpa de unos pésimos dirigentes que no supieron controlar al podrido sector financiero y que no reaccionaron a tiempo. Que por cierto, ya que se les olvida que es un derecho el poder trabajar, que recuerden que es una obligación igual que el pago de los impuestos y hagan inspecciones para ver quiénes trabajan y quienes no para que le busquen un trabajo. Derecho a la vivienda (art. 47 CE) que va en contra de los desahucios de personas que por la pérdida de su trabajo no pueden pagar al banco que infló conscientemente la tasación del valor de la vivienda. Y podría seguir con los artículos 24, 27, 39, 40, 43, 48, 49 y alguno más de la CE.

Desde el siglo XVIII no hemos parado de hablar de uno de los mayores inventos políticos, la separación de poderes. Tres siglos después, seguimos teniendo un único poder, el ejecutivo. Pues el poder legislativo está controlado por el ejecutivo que tiene mayoría y que con la disciplina de voto se asegura el control de las Cámaras. Y por otro lado, el poder judicial está controlado por el sistema político, es decir, por las Cortes Generales que son quienes eligen a los veinte vocales del Consejo General del Poder Judicial (diez cada cámara entre juristas y jueces) y el  Tribunal Supremo cuyos doce vocales también están elegidos: cuatro por el Congreso, cuatro por el Senado, dos por el Gobierno y dos por el CGPJ (previamente elegido por el Congreso y Senado)

Por lo tanto, los tres poderes del Estado se unen en uno solo. Son como la Santísima Trinidad cristiana pero en política: tres poderes distintos en una sola institución, la Presidencia del Gobierno. Una presidencia que dicho sea de paso, no elige el pueblo español directamente sino delegadamente mediante los diputados del Congreso. ¿Pero qué ocurre si el Presidente del Gobierno no cumple lo que prometió, si incumple deliberadamente su programa electoral? ¿Esos mismo diputados que lo eligieron presidente lo “deselegirán”, lo cesarán? Pues curiosamente no, porque fue elegido por mayoría y es esa mayoría la que no lo cesará porque existe una disciplina de voto leal al líder del partido político que gobierna y porque es la manera más fácil de repetir como diputado en la próxima legislatura.

Mientras tanto, todos los agentes de este sistema que nos gobierna fingen que se interesan por la ciudadanía, sobre todo en vísperas de elecciones, y fingen que les preocupa los problemas del desempleo, de la sanidad y educación para todos, de la calidad de vida, fingen que les importamos. Pero la verdad es que en pleno siglo XXI estos mal llamados líderes, sin consultarnos nada e informándonos de manera parcial y sólo cuando les interesa, gobiernan para el pueblo pero sin el pueblo con la excusa de que ellos saben lo que hacen, que son unos iluminados y unos ilustrados, unos profesionales (pero del engaño). Y es esa hipocresía, por parte de quienes deberían defendernos y representarnos, la que está alimentando una rebelión ciudadana que esperemos, por el bien de todos, que no acabe como la de 1789.

Artículo de Salva Díaz, asociado de Foro Ético, publicado en su blog

@SalvaDV

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