Una transparencia demasiado opaca

La transparencia es una de las palabras más usadas últimamente en todos los partidos políticos. Con esta fase de regeneración que se supone estamos viviendo todos quieren echar carreras para ver quién es más joven, más innovador, más transparente, más descarado y más auténtico.
En un momento en el que la corrupción parece ser un virus que ha venido para destrozar todo lo que encuentre a su paso (como si en los últimos treinta, setenta, doscientos años no fuera nuestro país un lugar idóneo para este tipo de actividades), la ciudadanía necesita respuestas contundentes. Y aunque muchas de ellas sean buenos pasos, en la mayoría de los casos, cuando miramos con lupa las innovadoras propuestas, terminan resultando casi como un atractivo anuncio que utiliza publicidad engañosa. Leyendo la letra pequeña encontramos “Diegos donde se dijeron digos” y se somete todo a tanta condicionalidad que más bien parece una póliza de un seguro, que una propuesta con la intención de llevarse a cabo verdaderamente.

Los ciudadanos hemos llegado ya a un punto de desconfianza que, prácticamente, ya ni si quiera perdemos el tiempo en buscar dónde está la trampa. Casi intuimos por dónde se sacarán la siguiente excusa, o la necesaria excepción a la norma por la que escaparán prácticamente todos. Abierta la veda, ya sabemos que podemos pasarnos semanas escuchando noticias sobre viajes absurdos pagados con dinero público, asesores fantasmas que nadie conoce con despachos invisibles que gastan miles de euros en supuestas llamadas, folios y bolígrafos que nunca aparecen, pero que tienen su correspondiente partida y que, como siempre, se sufragan con dinero de todos.

Hay muchas maneras de evitar que esto suceda. Además de los intentos, no sé si infructuosos en muchos casos, que hacen los partidos políticos, los ciudadanos podemos -y debemos- meter la nariz en todo lo que consideremos oportuno. Tenemos que ser molestos, incómodos, descarados y no quitar ojo a lo que hacen quienes se supone trabajan para procurarnos un bien común. Aunque parezca mentira, en nuestro país se considera una innovación poder conocer la mayoría de las cosas que, por derecho, nos correspondería poder saber.

De ejemplos alucinantes está la realidad llena. Y sobre todo, de situaciones kafkianas que, por ser casi increíbles, resultan escandalosas. No hace falta irse lejos, ni hacer cabriolas para intentar conocer lo que acontece en el Congreso de los Diputados, en Zarzuela, en el Senado. Basta con acercarse al ayuntamiento más cercano, y si es de un pueblo pequeño, mucho mejor. Es probable que la “fiesta” esté asegurada.

No todo el mundo sabe que los plenos que se celebran en los Ayuntamientos tienen carácter público. Esto significa que cualquier vecino de la localidad tiene el derecho de acudir a ellos para conocer de primera mano cuestiones como los gastos del Ayuntamiento, nuevas normas, y en definitiva cualquier cuestión que pueda afectar al pueblo. Desgraciadamente no es muy habitual que los vecinos tengan interés en acudir a estos lugares, y así están perdiendo información de primera mano además de la oportunidad de ejercer un control directo sobre la gestión de sus concejales y alcaldes.
En no pocos casos es cierto que aunque usted quiera acudir a una sesión del pleno de su Ayuntamiento, le será prácticamente imposible, puesto que los horarios elegidos no suelen ser compatibles con los de la mayoría de los vecinos, y esto, sin duda, no es casualidad.

Imagine, por lo tanto, que usted tiene mucho interés en involucrarse en la vida política de su pueblo. Que quisiera conocer de primera mano las decisiones que se toman, quién las toma, por qué las toman. En definitiva, imagine que es usted un vecino activo que no quiere hablar de oídas, que se quiere preocupar y ocupar por lo que tiene más cerca. Pero que, por la razón que sea -por ejemplo, porque no puede acudir a las ocho de la mañana el lunes- no tiene la posibilidad de presenciar los plenos.

En este caso, lo normal sería solicitar al Ayuntamiento una copia del acta del pleno que se ha perdido usted, o, en su caso, solicitarle a un vecino que pueda acudir que le haga el favor de grabar la sesión del pleno para que usted pueda verla cómodamente en su casa, si se tercia.

No estamos hablando de nada extraño, ni si quiera de nada ilegal. De hecho, la constitución española en el artículo 20 ampara este derecho. Sin embargo, es muy probable que si usted se anima a intentarlo tenga serios problemas. A día de hoy no son pocos los municipios españoles donde los vecinos que han querido grabar los plenos se han encontrado inmersos en auténticas batallas. Es sorprendente la negativa por parte de los regidores municipales, como si lo que hicieran en estas reuniones fuera más bien algo oculto que nadie debería conocer.

 Ante esta triste realidad, un grupo de gente que no tiene más interés que acercar la política a los vecinos y vecinas, decidió crear una plataforma: “Graba tu pleno”. El pasado fin de semana tuve la oportunidad de acudir a una de sus charlas en el Patio Maravillas de Madrid y la experiencia, además de merecer la pena, me pareció alarmante.

Un grupo de gente fue relatando sus experiencias en distintos pueblos de la geografía española. Parecía a veces una película de Berlanga. Alcaldes y Alcaldesas con actitudes caciquiles que son capaces de casi cualquier cosa con tal de que sus decisiones, declaraciones y votaciones no sean aireadas. Venganzas absurdas que terminan suponiendo una persecución a vecinos que tienen que soportar amenazas, calumnias, injustas multas por plantar cara a estas actitudes. Historias rocambolescas que hacen pensar que eso de la transparencia en nuestro país brilla por su ausencia.

Quise saber si es un determinado partido político el que tiende a comportarse de este modo. De la experiencia de estos activistas, pude comprobar que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista están empatados y parecen disputarse el primer puesto en violación de este derecho fundamental. En este enlace puede consultarse el listado de los lugares donde no se permite grabar el pleno a pesar de existir sentencias que reconocen este derecho de la ciudadanía.

La gente de “Graba tu pleno” no pertenece a ningún partido político específico. Son vecinas y vecinos que simplemente pretenden dar a conocer lo que ocurre en las casas consistoriales, acercar la política a la ciudadanía. Y lejos de ser felicitados, en muchos lugares comienzan a complicarse seriamente por abanderar esta causa. En este documental puede hacerse el lector una idea de su labor, y quien sabe, si animarse a colaborar.

Por mi parte, que considero fundamental conocer las cosas de primera mano, conocer esta lucha me ha animado para defenderla. Exijamos a los partidos políticos que cumplan y respeten las normas, que hagan accesible la noble labor política. Que realicen, en definitiva, un verdadero servicio ciudadano. De lo contrario, puede que nos dé por pensar que cuando parezcan tener algo que ocultar se pueda deber a que lo que hacen pueda no ser del todo legal. Y a la vista está que desgraciadamente se ha llegado demasiado lejos: unos por haber hecho lo que les ha dado la gana, y otros por permitirlo al no enterarnos de nada.

Sin duda, cuanto más transparentes sean las reuniones y las tomas de decisiones, más obstáculos se estarán poniendo a las corruptelas y abusos de poder. Por el momento, los obstáculos se ponen a quienes quieren ejercer la democracia, la participación, el conocimiento y la implicación ciudadana. Por el momento, la transparencia está demostrando ser demasiado opaca.

Artículo de Beatriz Talegón, presidenta de Foro Ético, publicado en El Plural

@BeatrizTalegon

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