¿Quién teme a la Democracia?

Durante este fin de semana han tenido lugar distintos procesos de participación. El PSOE ha celebrado en algunos lugares la primera fase de unas mal llamadas primarias mientras PODEMOS se ha reunido para dotarse de unas normas de funcionamiento interno.

Aunque quien escribe lo ha denunciado en reiteradas ocasiones, la manera de adoptar los reglamentos relativos al proceso de primarias en el PSOE dejó mucho que desear. El Comité Federal es el órgano encargado de aprobarlos. Un órgano formado por unas doscientas personas que fuimos elegidas en el último Congreso Extraordinario que tuvo lugar este verano.

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La soberanía nacional ¿Es de algún partido?

La esencia de nuestra democracia es que “la soberanía reside en el pueblo”. No en un monarca o en una nación extrajera, sino en el “demos”, en el conjunto de ciudadanos. Dicha soberanía expresa su voluntad en un sistema de mayorías, con el debido respeto a las minorías, y se articula mediante la representación otorgada temporalmente en personas y partidos elegidos a través de sufragio universal. Sigue leyendo

24 de junio: “Primarias abiertas, partidos abiertos”

Siguiendo en nuestra línea de colaboración con otras organizaciones que trabajan para abrir los partidos políticos a la participación ciudadana, el próximo 24 de junio Foro Ético participa en el seminario “Primarias abiertas, partidos abiertos”, organizado por el Foro + Democracia, y que se celebrará en el Colegio de Ingenieros de Caminos.

Nuestra presidenta, Beatriz Talegón, participará a partir de las 19.30 h en la mesa “La sociedad civil ante las primarias”, moderada por Miguel Ángel Gonzalo, documentalista y webmaster del Congreso, además de integrante del Foro + Democracia.

En este seminario participan entre otros Lourdes Muñoz, Reyes Montiel, y Antoni Gutiérrez-Rubí. 

Te esperamos el 24 de junio para hablar de apertura y democracia. Puedes confirmar tu asistencia enviando un correo electrónico a foromasdemocracia@gmail.com

Más información en Foro + Democracia

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¿Es el machismo una apuesta electoral rentable en España?

Antes del debate entre el candidato del PP y Elena Valenciano, ya el Partido Socialista había confiado buena parte de su campaña y estrategia electoral en el discurso sobre la igualdad, la mujer y la ley del aborto que el gobierno aún no ha llevado al BOE pero que ya ha conseguido, electoralmente, amortizarla entre los votantes. A lo largo del historial de encuestas publicadas desde el 2012, la mayor caída del PP hasta llevarlo detrás del PSOE fue en pleno escándalo por los papeles de Bárcenas, sin que el aborto supusiera un daño excesivo y preocupante para la formación de Rajoy. Una cosa es invertir políticamente en un tema como apuesta de oposición y desgaste, y otra que consiga desmovilizar o desmotivar a los votantes de tu oponente. Sigue leyendo

Este 8 de marzo no hay nada que celebrar. ¡Tomemos las calles!

Desde hace más de dos años incorporarse a la realidad de cada día se ha convertido en un acto de resistencia heroico, de una heroicidad cotidiana, a la que le cuesta mantener el ánimo y pugna consigo misma por no desistir y resignarse.

Desechada la ética y los valores del bien común, la igualdad y la convivencia, cuando éstos son sustituidos por la codicia salvaje y el beneficio de unos pocos que lo quieren todo, cuando el lema es sálvese el que pueda, se instala la ley de la selva.

Ahora sabemos que la desafortunada frase que titulaba “El fin de la historia y el último hombre” no era un diagnóstico, era una amenaza sobre nuestro futuro. El autor de la misma, Francis Fukuyama, influyente politólogo, dictó sentencia sobre un futuro en el que la lucha ideológica estaba concluida y desaparecía la lucha de clases por innecesaria. Las utopías estaban finalizadas, se instalaba el pensamiento único con su máxima de que las ideologías han sido sustituidas por la economía y que el libre mercado dirige la sociedad.

Las teorías no resisten bien el traspaso a la realidad, salvo que se impongan como un mantra insistente que consiga instalarse en nuestras conciencias y nos haga creer que no hay alternativa.

El mantra se ha instalado gracias al más poderoso ejército, los medios de comunicación. Cada día nos bombardean con el dogma de que la interpretación de la realidad es solo posible desde su aceptación y resignación.
Las élites se han adueñado de nuestro futuro y nos imponen el “no hay alternativa” resguardados de nuestro sufrimiento en un aislamiento psicótico, cobijados en la acumulación de bienes y derechos comunes de los que se han apropiado en exclusividad, sus privilegios adoptan la forma de un derecho natural propio de estirpes elegidas para dirigir nuestros destinos. 
Pero no solo no es el fin de la historia, sino que la lucha de clases persiste y es una guerra despiadada, desigual, que dura más de dos años y que se inició como una gran estafa. La ideología no ha muerto sino que rige nuestras vidas desde modelos sociales, económicos y políticos antidemocráticos impuestos por los propios gobiernos.
La lucha de clases se ha trasladado al modo de gobierno y es guerra abierta entre demócratas y antidemócratas. Entre los que quieren una sociedad basada en la igualdad y los añorantes de un pasado que les favorecía en su posición privilegiada y les permitía campar por la historia como en su propio cortijo.
Han destruido la construcción de una Europa social y solidaria, han trazado una línea divisoria excluyente entre la mayoría de pobres y unos pocos elegidos. Han establecido una frontera geográfica con los países del sur que arrastra y condena a la servidumbre, mano de obra barata de la cual disponer cuando se necesite para abandonar a su suerte una vez utilizada. Hoy el sur somos todos.
En nuestro caso concreto, el gobierno del PP, dirigido por su presidente Mariano Rajoy maneja nuestra realidad a golpe de decreto, mentiras, ocultamientos, ausencias parlamentarias y menosprecio del Congreso. No es un demócrata, ni tan siquiera es un político, es solo un hombre ausente e impasible, para el que la política es solo “uno de esos líos”, no la necesita. Impone leyes retrógradas que se apropian de nuestra única herencia, lo conseguido, lo arrancado con esfuerzo y sufrimiento a una época oscura de la que él es un gran nostálgico.
Todas las leyes aprobadas con su mayoría absolutista han supuesto un retroceso. Su modelo no sigue los dictámenes de la racionalidad económica o social, sino los del fanatismo ideológico y el odio de clase. 
Quiero destacar dos leyes impresentables e indefendibles por su ineficacia social y política, que ponen de relieve su añoranza de tiempos pretéritos: la Ley para la Reforma Laboral y la nueva Ley del Aborto. Todas nos afectan sobremanera e implican retroceso y pérdida, pero estas dos coartan nuestro futuro como trabajadoras y como mujeres. La Ley del Aborto nos devuelve a los faldones de la iglesia y de su moral más rancia, nos pone al servicio de la maternidad como único objetivo vital. Nos cosifica, como si de gallinas ponedoras se tratara, nuestra misión es parir esclavos por el bien de la economía.
La Ley para la Reforma Laboral nos deja indefensas como trabajadoras, menoscaba nuestros derechos y capacidad de negociación. Nos condena a la precariedad y la subsistencia mínima, en muchos casos a la difícil supervivencia. En esta lucha de clases desigual, los vencidos quedamos en condición de vasallaje servil. Y qué papel nos reserva a las mujeres. En su imaginario de otros tiempos, la mujer era madre y esposa…o puta. Por este motivo nos invitan sin pudor alguno al ejercicio de la prostitución. Es imprescindible para un país dirigido por chulos disponer de suficientes putas, aunque sean putas tristes.
Su acusación de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades era una penitencia por habernos escapado del argumento de los santos inocentes, aquella obra de Delibes que tan bien retrata una España en blanco y negro, con las maletas siempre a punto para la emigración. Donde señoritos y caciques engominados, disponen de la vida de sus sirvientes en condición de sumisos y eternos agradecidos. Y donde las señoritas de bien, resuelven sus deslices en clínicas privadas, dado que tienen el lujo de poder pagarlas. Y las mujeres trabajadoras nos encargamos del estado del bienestar, de la alimentación y cuidado de débiles y enfermos, desde nuestros diminutos y miserables espacios íntimos, cargando siempre con el dolor y la culpa por pecadoras, como manda la santa madre iglesia.
En su nostalgia volvemos a ser la reserva espiritual de Occidente, una reserva apartada del derecho internacional, una reserva espiritual de moral hipócrita y grasienta, de curas y sátrapas, de vasallos y sirvientas, de chulos y putas.
Este ocho de marzo no tenemos nada que celebrar, es un día para la denuncia y la resistencia. Debemos comernos la rabia, sacar fuerzas de la impotencia y el desánimo y tomar las calles para no abandonarlas nunca más. Debemos hacer política, una política de lucha organizada, una política de exigencia, de resistencia y no cesión de uno solo de nuestros derechos. Debemos despreciar su nostalgia y echarlos, es urgente echar a este gobierno, antes de que su insidioso, y nuevo mantra de esto es lo que hay, se instale para siempre en nuestras conciencias y nos deje rotas y acabadas. Este ocho de marzo tenemos que hacer que el miedo, el desánimo y el dolor cambien de bando. Debemos echarlos, es urgente echarlos, podemos echarlos.

Cruz Leal 
@EticaA

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NECESITAMOS REFUNDAR EL ESTADO

La crisis que el dogmatismo neoliberal desencadenó en 2007, mostró en nuestro país la fragilidad de los pilares sobre los que se construyó la España del 78. La convulsión resultó ser tan violenta, que se resquebrajaron, dejando el edificio prácticamente en estado de ruina.

Sirvió para que llamaran “austeridad” a lo que fueron drásticos e injustos recortes del gasto social, destrozando de un plumazo aquella “economía social de mercado” que tantas ilusiones despertó hace 35 años. La avaricia y las ansias de acumular capital y poder de especuladores escasos de principios, han dejado al borde del precipicio nuestro incipiente estado social. La economía sí ha sido de mercado, pero de un mercado tan desregulado, que la parte del producto nacional que debería financiar la prestación de servicios consagrados como derechos constitucionales de la ciudadanía, se ha volatilizado entre fastos y campañas electorales, y por las negras alcantarillas de la corrupción política. Y aquí no pasa nada.

Que el sistema financiero- mejor, sus “temerarios” ejecutivos- haya hecho un agujero de 200.000 millones de euros en las cuentas del estado con cargo a los contribuyentes presentes y futuros, ha sido –nos dicen- consecuencia de haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”, culpabilizando así a una sociedad entera, aquellos que en un mes, han ganado más –según el salario medio- que 70 trabajadores en todo un año. Y eso no puede calificarse más que como una enorme desvergüenza. Y aquí no pasa nada.
Y qué decir de la Justicia, que cuando algún magistrado quiere indagar “más de la cuenta” sobre aquellos temas escabrosos que pondrían en solfa grandilocuentes proclamas de honradez, transparencia y equidad, se le “fabrica” una prevaricación como torticero recurso para impedir que su laboriosidad y su compromiso público, puedan hacer que la justicia resplandezca. Y aquí no pasa nada.
O el propio Parlamento, que con el recurso al “y tú más”, cada día está más alejado del sentir ciudadano, con discursos que no van realmente a la raíz de los problemas, confundiendo la elocuencia más o menos “llamativa”, con la verdadera radicalidad que llene de realismo y de propuestas posibles la acción de la Política, lo que permitiría que ciudadanas y ciudadanos recuperasen la confianza perdida en una institución básica como lo es el Parlamento. Pero no, diputadas y diputados continúan, unos con la “herencia recibida” y otros, “ustedes lo hacen peor”. Y todo continúa igual.

En este contexto, no es de extrañar que los partidos políticos, en los que fundamentalmente recayó hace 35 años una gran parte de la responsabilidad de construir un estado democrático, hoy hayan perdido, no solo credibilidad, sino la confianza de muchas generaciones jóvenes para que sean ellos, quienes tracen las líneas sobre las que debe discurrir un nuevo proyecto de país. Y sin nueva ley que defina competencias, funciones y financiación de los partidos políticos, más otra, la electoral, que garantice un Parlamento mucho más representativo de las sensibilidades políticas que configuran la sociedad actual, seguiremos en las mismas. 

Necesitamos un nuevo proyecto que permita superar la crisis de nuestro actual modelo territorial. La España plural requiere un mejor encaje de las naciones y regiones que la conforman. Por eso no solo basta formular en abstracto la Federalidad del estado, sino que hay que descender mucho más a lo concreto, teniendo muy presente el principio de solidaridad e igualdad entre los habitantes de los pueblos de España, lo que en absoluto es contradictorio con revisar con mayor realismo histórico, un mapa del país que, lejos de aquel famoso “café para todos”, sea reflejo de los complejos procesos que condujeron a la configuración de España como nación de naciones. Y naturalmente, debería ser profundo objeto de reflexión, solucionar el tema de la forma de la Jefatura del Estado. Es evidente que la actual, también se ha visto atropellada por acontecimientos que la han desprestigiado hasta límites poco soportables e incompatibles con una democracia decente.

Y así hemos llegado a donde hemos llegado: a una democracia demasiado imperfecta para ser catalogada como tal. Porque ¿cómo puede aspirar a ser creíble y representativo un parlamento nacional (y no pocos autonómicos) que soportan la pesada losa de tantas decenas de imputados? Si no se abordan con prontitud los problemas estructurales que padecemos, seguiremos ensanchando el abismo que hoy existe entre las Instituciones y la ciudadanía. Y así es imposible continuar. Esto está agotado.

Por eso, construir un nuevo proyecto de la España Plural requiere iniciar un proceso constituyente que consiga:

1. Articular un Estado Federal alejado de ese “café para todos”, que incluya una fiscalidad progresiva, justa y suficiente para la financiación de los bienes públicos. 

2. Asegurar un autentico blindaje del estado social y democrático de derecho

3. Un Parlamento con mayor proporcionalidad para que las minorías se sientan debidamente representadas (Nueva Ley electoral)

4. Una democracia abierta que promueva e institucionalice la imprescindible participación de la sociedad civil en la gestión de los asuntos públicos

5. Una profunda reforma de la Justicia que garantice su plena independencia de los poderes políticos y económicos, y en la que sus organismos funcionales y de gobierno respondan a verdaderos criterios democráticos

6. Garantizar el control democrático del sistema financiero y del que una parte sustancial sea de dominio público.

7. Suprimir las limitaciones constitucionales actuales para que los gobiernos elegidos democráticamente puedan aplicar los programas con los que hayan concurrido a las elecciones y refrendados por el Parlamento del estado.

Pero un proyecto constituyente avanzado y de cambio social, solo será viable si los agentes progresistas –partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, plataformas cívicas, sindicatos, movimientos, etc.- son capaces de concitar un apoyo social mayoritario. Sin duda para ello se requiere revisar a fondo el discurso, las propuestas, las alianzas, todo aquello que evite recurrir a viejas recetas, bastantes de ellas sobrepasadas por la historia. Requiere sobre todo, enfrentarse al neoliberalismo; de lo contrario no hay nada que hacer. Y si ello requiere “re-fundarse”, re-fúndense.
Y en ese espacio colectivo de pensamiento plural, es necesario compartir que la batalla contra las desigualdades requiere defender con firmeza que no pueden separarse el proceso de creación de riqueza del de su distribución social. 
Sería realmente saludable que cuajara un amplio proceso de convergencia entre todas las organizaciones, plataformas y movimientos progresistas en torno a un programa común sobre las cuestiones planteadas.

Manuel Moret Gómez
Militante socialista

Este artículo es responsabilidad y opinión de su firmante. Los comentarios, vertidos por las personas visitantes, son responsabilidad de las mismas.


Democracia enferma: un diagnóstico y una solución

La crisis de la democracia representativa, la mala reputación de los partidos políticos y la falta de credibilidad de muchos líderes políticos son ideas generalizadas, populares, recurrentes de nuestra vida colectiva, tanto en Portugal, como en Europa, como un poco por todo el mundo democrático. Como dijo una vez el ex primer ministro británico Winston Churchill “La democracia es la peor forma de gobierno, excepto todas las otras formas que se han probado.” En los tiempos en que vivimos, de dificultades económicas y sociales, estas ideas se acentúan, pero debemos recordar y subrayar que reflejan algo que va más allá de lo coyuntural. Sin entrar en un análisis detallado voy a mencionar algunas de las razones que en mi opinión explican lo que  llamo la “democracia enferma”.
Una dimensión del problema se relaciona con el individualismo que domina las sociedades contemporáneas y la falta de sentido del bien común. En un sistema económico que promueve el consumismo y el deseo de querer siempre más y más, dominado por intereses a los que interesa mantener un mercado de trabajo inseguro y precario, en una sociedad que tiene una oferta lúdica y de evasión sin precedentes en la historia humana, muchos ciudadanos sin tiempo o motivación prefieren la cómoda “crítica de café” y muchos políticos se centran casi exclusivamente en una lógica de interés y carrera personal.
Otra dimensión está relacionada con el papel desempeñado por los agentes de la comunicación social. Los medios de comunicación contribuyen de manera decisiva a la construcción ( y a veces, distorsión) del entendimiento y la visión que la gente tiene de la realidad en que están insertas. En general los medios de comunicación dan demasiada importancia a las palabras y los actos de los dirigentes de los partidos políticos, contribuyendo de manera sutil a la construcción del mito de que tienen mucho poder y para ocultar otros poderes igual o más relevantes. 
Al dar demasiada visibilidad a problemas y a conflictos estériles, también contribuyen a la erosión de la democracia. Pero también es cierto que hay dirigentes políticos que abdican del poder que se les ha conferido por el voto popular y que se someten a ciertos intereses financieros y económicos, a veces teniendo presente una futura recompensa por los servicios prestados.
De este modo, los políticos se han convertido en los chivos expiatorios de los males de nuestro tiempo y los partidos políticos, espacios de escasa participación, que funcionan en torno a determinados grupos, donde el mérito (profesional, cívico, académico) poco cuenta, vulnerable a todo tipo de maniobras ansiosas de conquista de un (a veces insignificante) poder. Todo esto ha contribuido a la disminución de la calidad de los representantes políticos y a un creciente divorcio entre electores y elegidos. Tras el diagnóstico de la enfermedad debe ser tratada la dolencia. 
En este capítulo, sin espacio para profundizar apenas, presentaré la que me parece sería una solución natural, colectiva y democrática. Si la gente realmente quiere una mejor democracia, debe abandonar su zona de confort, dejar el sofá y el televisor, y dedicar alguna parte de su tiempo libre participando activamente en la vida política, sobre todo en los partidos políticos.
La incorporación de más personas a los partidos políticos es una de las fuentes para la regeneración de la democracia en sus diferentes niveles. Por eso, querido lector, si en el plano teórico se siente próximo a algún partido político, nada mejor que hacer una contribución al fortalecimiento de la democracia inscribiéndose en ese partido y contribuyendo a su mejora.

Pedro Miguel Cardoso
Militante del Partido Socialista, de Guarda (Portugal)

El Texto anterior ha sido traducido al español por Juan Jesús Martín Chamoso, partiendo del original, que reproducimos, para quien desee leerlo en lengua original que fue publicado en Jornal Terras de Beira el 23 de enero de 2014. Con el agradecimiento de Foro Ético a autor y traductor.

Democracia doente: um diagnóstico e uma solução

A crise da democracia representativa, a má fama dos partidos políticos e a falta de credibilidade de muitos dirigentes políticos são ideias generalizadas, populares, recorrentes da nossa vida colectiva, tanto em Portugal, como na Europa, como um pouco por todo o mundo democrático. Como um dia afirmou o ex-primeiro-ministro britânico Winston Churchill “a democracia é a pior forma de governo, exceptuando todas as outras formas que têm sido tentadas”.  Nos tempos que vivemos de dificuldades económicas e sociais estas ideias acentuam-se mas convém recordar e salientar que elas reflectem algo que vai para além do conjuntural. Sem entrar numa análise aprofundada vou referir algumas razões que na minha opinião explicam aquilo a que chamo “democracia doente”.
Uma dimensão do problema relaciona-se com o individualismo que domina as sociedades contemporâneas e a falta de sentido do bem comum. Num sistema económico que promove o consumismo e a vontade de querer sempre mais e mais, dominado por interesses a quem interessa manter um mercado de trabalho inseguro e precário, numa sociedade que tem uma oferta recreativa e de evasão sem paralelo na história da humanidade, muitos cidadãos sem tempo ou motivação preferem a cómoda “crítica de café” e muitos políticos orientam-se quase exclusivamente numa lógica de interesse e carreira pessoal.
Outra dimensão está relacionada com o papel desempenhado pelos agentes da comunicação social. A comunicação social contribui decisivamente para a construção (e por vezes distorção) da compreensão e visão que as pessoas têm da realidade onde estão inseridas. Em geral a comunicação social tem dado uma relevância excessiva às palavras e actos dos dirigentes político-partidários, contribuindo subtilmente para a construção do mito de que eles têm muito poder e para a ocultação de outros poderes tão ou mais relevantes. Ao dar demasiada visibilidade a questões e a conflitos estéreis também têm contribuído para o desgaste da democracia. Mas também é verdade que há dirigentes políticos que abdicam do poder que lhes é conferido pelo voto popular e submetem-se a certos interesses financeiros e económicos, às vezes tendo em vista uma futura recompensa pelos serviços prestados.
Deste modo os políticos tornaram-se nos bodes expiatórios dos males do nosso tempo e os partidos políticos espaços pouco participados, a funcionar à volta de alguns grupos, onde o mérito (profissional, cívico, académico) pouco conta, vulneráveis a vários tipos de manobras na ânsia da conquista do (por vezes insignificante) poder. Tudo isto tem contribuído para a diminuição da qualidade dos representantes políticos e para o crescente divórcio entre eleitores e eleitos. Feito o diagnóstico importa tratar da doença. E neste capítulo sem espaço para aprofundar apenas apresentar aquela que me parece ser uma solução natural, colectiva e democrática. Se as pessoas querem realmente uma melhor democracia têm que abandonar a sua zona de conforto, deixar o sofá e a televisão e gastarem algum do seu tempo livre participando activamente na vida política, nomeadamente nos partidos políticos. A adesão de mais pessoas aos partidos políticos é uma das fontes da regeneração da democracia nos seus vários níveis. Por isso, caro leitor, se no plano teórico se sente próximo de algum partido político nada melhor do que dar um contributo reforçado à democracia inscrevendo-se nesse partido e contribuindo para a melhoria do mesmo.